La nueva película de David Lowery convierte el escenario en un confesionario donde el arte, la identidad y los fantasmas personales se convierten en un espectáculo hipnótico y profundamente teatral.
Una superestrella pop y lo que hay detrás del personaje

«Where do ghosts go when you don’t need them anymore?»
Con Mother Mary, David Lowery se adentra en el universo de una superestrella del pop incapaz de distinguir dónde termina el personaje y dónde empieza (o vuelve) a ser ella misma. El resultado es un drama íntimo pero espectacular al mismo tiempo, que encuentra su mayor fortaleza en todo aquello que permanece entre líneas: la creación artística, la necesidad de ser admirada y el precio de convertirse en musa.
La historia comienza con Mother Mary (interpretada por una Anne Hathaway absolutamente fabulosa), un ícono del pop que acaba de sufrir un desliz en el escenario, viajando a la campiña inglesa en busca de su antigua diseñadora de vestuario, Sam Anselm (Michaela Coel). La intención es convencer a Sam de que diseñe el vestuario para su regreso a los escenarios; sin embargo, la relación entre ambas está sumamente dañada, y este reencuentro las forzará a enfrentar su pasado y sus fantasmas.
Anne Hathaway demuestra por qué es una de las mejores actrices de su generación
Si alguien todavía dudaba del rango interpretativo de Anne Hathaway, Mother Mary termina con cualquier discusión. En una misma temporada comparte cartelera con La Odisea y puede demostrar dos registros completamente opuestos. Aquí exprime cada gota de su talento y además de actuar, canta, baila y se convierte en una verdadera popstar. Las performances y las escenas del concierto de Mother Mary son, definitivamente, lo mejor de la película.
Mother Mary, como personaje, recuerda inevitablemente a una mezcla entre Lady Gaga y Lana Del Rey, aunque en sus grandes números musicales también es imposible no pensar en Taylor Swift durante el Eras Tour y el Reputation Tour. Lejos de la imitación, la película usa el imaginario del pop contemporáneo para construir un personaje propio, casi mitológico (el nombre lo dice todo), atrapado entre la devoción de sus seguidores y sus propios fantasmas.
Un espectáculo profundamente teatral
En lugar de apostar por una película musical convencional estilo biopic, David Lowery construye un film que se siente sumamente teatral. Gran parte de la historia se desarrolla mediante largos diálogos y monólogos, con una puesta en escena donde las habitaciones cerradas remiten a sets dentro de un escenario. Esta sensación de artificio es común en las películas de Lowery, y en este caso, refuerza la idea de que la protagonista nunca deja de interpretar un papel.
La metáfora de la puerta que aparece a lo largo de la película funciona como una invitación constante a cruzar el límite entre la artista y la persona. ¿Existe realmente una diferencia entre ambas? ¿Puede una estrella del pop dejar el escenario atrás o termina viviendo para siempre dentro de él?
Música, vestuario y una puesta en escena deslumbrante
Sin duda alguna, el momento en el que Mother Mary alcanza su máximo esplendor es durante sus números musicales. Cada actuación está coreografiada con una precisión impresionante y construida como un auténtico espectáculo visual, acompañada por una banda sonora original que funciona tanto dentro de la película como fuera de ella. Jack Antonoff, Charli XCX y FKA twigs participaron en la producción, y el resultado es una identidad sonora que encaja a la perfección con el universo de Mother Mary.
Y no es casualidad que la película gire alrededor de un vestido: el vestuario es una pieza fundamental de su discurso. Cada diseño construye la imagen pública de Mother Mary y refleja la tensión constante entre la persona y el personaje, entre la mujer y el ícono. La moda aparece como un elemento narrativo que sostiene buena parte del relato, y si la temporada de premios termina reconociendo alguno de sus apartados técnicos, el diseño de vestuario probablemente esté entre los primeros candidatos.
El arte también deja fantasmas
Antes que contar la vida de una estrella del pop, Mother Mary prefiere explorar todo lo que ocurre detrás del escenario: la presión de crear, el precio del estrellato y los fantasmas que se esconden bajo el brillo de la fama. En una época en la que estamos constantemente expuestos a la vida privada de las celebridades, David Lowery evita el biopic tradicional y apuesta por una historia que plantea más preguntas que respuestas. El resultado es una película visualmente deslumbrante, cargada de emoción y tan interesada en el espectáculo como en las inseguridades que lo sostienen.
Con una Anne Hathaway magnética, una puesta en escena impresionante y algunos de los números musicales más memorables del año, Mother Mary demuestra que todavía hay formas de hacer cine sobre estrellas del pop sin recurrir a las fórmulas de siempre. Si bien muchos elementos de la película tienen al público dividido, hay algo que está claro: es imposible quedar indiferente ante Mother Mary.
Mother Mary se estrenó en los cines españoles el 31 de julio.
Mira una de las performances y el tráiler aquí.




