La Odisea, la nueva obra cumbre de Nolan, el director acaba de adaptar uno de los clásicos más famosos de la historia de la humanidad.
La Odisea, esa historia que alguna vez hemos escuchado, nos han contado en clase, o incluso, hemos visto recreado en alguna serie animada. Esta historia adaptada en 2 horas y 50 minutos, que podemos disfrutar ya este mismo viernes 17 de julio. Con La Odisea, el director británico no pretende ilustrar el poema de Homero ni ofrecer una reconstrucción arqueológica de la Grecia mítica. Lo que hace es apropiarse de una de las historias fundacionales de la literatura occidental y convertirla en una película profundamente nolaniana, aquí Nolan nos habla del tiempo, la memoria, la culpa y el precio del heroísmo. El resultado es una obra monumental y fascinante, que confirma que Nolan sigue siendo uno de los pocos directores capaces de concebir el cine comercial como un auténtico espectáculo artístico.

La Odisea: Una historia que trasciende por los siglos
Desde el primer momento te mete de lleno en la historia, desde ese primer plano queda claro que esta no será una adaptación convencional. La historia de Odiseo, interpretado por Matt Damon, no avanza de forma lineal, sino que se construye a través de recuerdos fragmentados, saltos temporales y diferentes puntos de vista. Algo que Nolan le da igual como lo cuenta el libro, y decide hacerlo de forma más cinematográfica, vuelve a emplear una estructura narrativa compleja, pero esta vez no como un mero ejercicio de virtuosismo, sino como una herramienta para reflejar el estado mental de un hombre incapaz de escapar del peso de la guerra. Su viaje de regreso a Ítaca deja de ser únicamente una aventura épica para convertirse en el recorrido psicológico de un superviviente consumido por la culpa.
Interpretaciones que pueden dar un Oscar
Matt Damon, ese actor al que nos estamos acostumbrando a qué haga todo bien, y le vemos en este papel que lo hace bien, pero no nos sorprende, nos vuelve a demostrar lo buen actor que es. Su Odiseo está lejos del héroe invencible que tantas veces ha representado el cine. Es un hombre agotado, inteligente, desconfiado y emocionalmente roto. Damon consigue transmitir la sensación de que cada monstruo al que se enfrenta es, en realidad, una manifestación de sus propios fantasmas.
Frente a él, Anne Hathaway construye una Penélope con una enorme fortaleza silenciosa, mientras que Tom Holland aporta humanidad al personaje de Telémaco sin caer en el exceso melodramático.
Zendaya, como Atenea, dota al personaje de una ambigüedad que evita convertir a los dioses en simples figuras omnipotentes, la que más floja se queda, debido a su poca participación en la película, algo que me hubiera gustado ver más.
Por el resto, Robert Pattinson, ingenioso, engañando a todos cada vez que sale, siendo bueno y malo, gran papel. Una de las cosas que se habla tanto de esta película, es su cast, por parte del resto, no sorprenden, tiene pocas participaciones, a excepción de John Leguizamo, su papel como ciego, el papel más difícil de su carrera y que lo hace especialmente bien, en un escenario donde todo era práctico, y apenas CGI.

Visualmente, La Odisea es un acontecimiento mundial. Rodada íntegramente con cámaras IMAX de última generación y fotografiada por Hoyte van Hoytema, cada escenario posee una escala casi sobrecogedora. Nolan vuelve a demostrar que pocos directores entienden el espacio cinematográfico como él. La música de Ludwig Göransson acompaña el viaje con una partitura poderosa, aunque en determinados momentos resulta excesivamente invasiva, casi lo peor de la película.
Criticas que han supuesto un antes y un después
Sin embargo, la película también pone de manifiesto algunos de los defectos habituales del director. Desde su primer trailer ha recibido duras críticas, desde la elección de Lupita como Helena, o sus trajes, que no son de la época, al igual que el lenguaje que usan los actores, o los barcos, que recrean en tamaño grande, y que no son tampoco de la época.
También existe cierta tendencia al exceso formal. La película nunca deja de impresionar visualmente, pero en algunos momentos la acumulación de imágenes grandiosas, música enfática y montaje fragmentado termina generando una sensación de saturación. Es un riesgo habitual en el cine de Nolan, como ya pudimos comprobar en Tenet.
Aun así, cuando La Odisea encuentra el equilibrio entre espectáculo y emoción alcanza momentos extraordinarios. Nolan entiende que el verdadero viaje de Odiseo no consiste en derrotar monstruos, sino en descubrir si todavía merece regresar al hogar que abandonó. Esa mirada convierte la epopeya de Homero en una reflexión contemporánea sobre las consecuencias de la guerra, la identidad y la imposibilidad de recuperar el tiempo perdido.
Para concluir
La Odisea no es la adaptación definitiva del poema de Homero, pero si él mismo viera está obra, le encantaría, una peli muy disfrutable y a quien le guste un poco está historia, le va a maravillar. Una película que dará mucho de hablar para los próximos premios.
