El desierto te espera. Esta momia apuesta más por lo grotesco que por lo clásico. Disponible en cines el 17 de abril de 2026
Olvídate de aventura: La Momia de Lee Cronin (2026) es, ante todo, una experiencia de horror físico, incómoda y deliberadamente desagradable. Desde el primer momento, la película deja claro que dialoga estrechamente con Posesión infernal: El despertar (2023), no solo por compartir director, también por su obsesión con lo grotesco, lo visceral y lo incómodo.
Cronin vuelve a apoyarse en un terror que busca incomodar: fluidos, cuerpos deformados y escenas que rozan lo repugnante. Hay momentos asquerosos, diseñados para provocar rechazo físico en el espectador más que miedo psicológico. En ese sentido, la película encaja en la tendencia reciente del terror donde los demonios invaden cuerpos —especialmente infantiles—, contorsionándose en posturas imposibles, reptando a cuatro patas y rompiendo cualquier atisbo de inocencia.
Más allá del impacto visual, hay una constante en la filmografía de Lee Cronin que aquí vuelve a cobrar protagonismo: la familia como núcleo del horror. Tanto en Bosque maldito (2019) como la anteriormente mencionada Posesión infernal: El despertar, el conflicto nace dentro del entorno familiar, y esta nueva entrega mantiene esa línea.
La historia gira en torno a la desaparición de la hija pequeña de una pareja que vive en Egipto. Ocho años después de haberse rendido en la búsqueda, los padres reciben una llamada inesperada de que su hija ha sido encontrada. El reencuentro, lejos de traer alivio, abre la puerta a algo mucho más oscuro. Pronto queda claro que en ese tiempo sucedieron cosas, unos acontecimientos que pondrán en jaque la estabilidad de sus vidas para siempre.
El propio Cronin ha definido la película como “una película de momias muy diferente”, y en parte lo es. También la describe como un rompecabezas, un misterio por descifrar, casi como si la narrativa imitara los jeroglíficos de las pirámides: fragmentada, críptica y obligando al espectador a reconstruir el horror pieza a pieza. Bajo esa capa de misterio, la estructura sigue bebiendo claramente del cine de posesiones, y salta a la vista.

Ahí es donde la película encuentra su mayor contradicción. Aunque introduce elementos egipcios y el demonio clásico de las arenas, en el fondo sigue siendo una historia de exorcismos. El cambio cultural aporta atmósfera, pero no transforma del todo los códigos del género. Esto pesa especialmente si tenemos en cuenta el legado del monstruo. La momia, como figura del terror, tiene una larga tradición que se remonta a clásicos como la cinta en blanco y negro La Momia (1932), interpretada por Boris Karloff, donde se establecieron las bases arquetípicas de la maldición, la resurrección y el vínculo con lo eterno. Más tarde, versiones como La Momia (1999) con Brendan Fraser o La Momia (2017) con Tom Cruise, apostaron por la aventura y el espectáculo, alejándose del terror puro. Esta nueva reinterpretación intenta devolver al personaje a un terreno más oscuro, aunque en el proceso lo mezcla con tendencias modernas que diluyen parte de su identidad.

Brendan Fraser (Rick O’Connell), Rachel Weisz (Evelyn Carnahan) y John Hannah (Jonathan Carnahan) en La Momia (1999)
Detrás del proyecto hay dos nombres clave del terror contemporáneo: James Wan (Expediente Warren, Insidious, Saw), con su productora Atomic Monster, y Jason Blum, al frente de Blumhouse Productions. Ambos han perfeccionado una fórmula muy reconocible con presupuestos controlados, alto impacto y una narrativa directa al espectador. Aquí, su sello se nota en la efectividad de los sustos y en la construcción de la tensión, aunque también en cierta sensación de déjà vu.
Para concluir
En conjunto, esta momia de Warner se mueve entre lo perturbador y lo familiar. Es intensa, incómoda y por momentos desagradable, pero también da la impresión de que, bajo su estética egipcia y su envoltorio de misterio, sigue atrapada en una fórmula ya muy transitada como digo. Cronin demuestra pulso para el horror físico, aunque reitero, esa brutalidad podría haberla llevado hacia algo realmente nuevo para sorprender.
