Mattel vuelve a hacerlo. He-Man y los Master del Universo promete traer de nuevo al mítico personaje ochentero a los cines este verano
Hubo un tiempo en el que He-Man era uno de los grandes iconos de la cultura popular. Antes del dominio absoluto de los superhéroes de Marvel y DC, el príncipe Adam levantaba su espada al cielo y pronunciaba una frase que definió a toda una generación: “¡Yo tengo el poder!”. Cuatro décadas después, Hollywood vuelve a mirar hacia Eternia con una nueva adaptación que busca traer la caricatura original a nuestra época, apoyándose en la nostalgia ochentera, pero reinterpretando ligeramente al personaje para que las nuevas generaciones puedan descubrirlo.
Mattel continúa así su intento de construir un universo cinematográfico basado en sus juguetes, una estrategia que se consolidó con el fenómeno de Barbie (2023). Y, de forma similar, esta nueva Masters of the Universe se presenta como un gran espectáculo palomitero de aventuras: casi dos horas y media de acción, humor, criaturas digitales y batallas épicas pensadas para inaugurar el verano cinematográfico.
Nostalgia, imaginación y espectáculo
El filme entiende que parte del encanto de He-Man siempre residía en su imaginación desbordada: fortalezas, armas descomunales, criaturas extravagantes, villanos excesivos y héroes con una estética tan llamativa que parecían haber salido directamente del pasillo de juguetes de una tienda de los años ochenta. La película acierta cuando recupera ese espíritu. Hay un esfuerzo evidente por mantener viva la esencia visual del material original de 1987, aunque filtrada ahora por el CGI contemporáneo y una puesta en escena mucho más controlada. El resultado es el universo de la original pasado por un filtro de blockbuster moderno.

Ilustración de Masters del universo (1987)
La película comparte además muchas similitudes con títulos como Guardianes de la Galaxia (2014) o Dungeons & Dragons: Honor entre ladrones (2023). El modelo es claro y reconocible: aventura fantástica con humor constante, personajes carismáticos y una estructura de grupo disfuncional que termina funcionando como familia improvisada, aunque en esta cinta no esté tan claro al 100% como en los ejemplos anteriores, esta formula funciona.
Esto juega a su favor en términos de ritmo y accesibilidad. El humor ayuda a suavizar la épica y evita que el conjunto caiga en la solemnidad excesiva. Sin embargo, también deja una sensación de familiaridad excesiva: la impresión de que el universo de Eternia queda atrapado dentro de una fórmula ya muy vista en el cine reciente de aventuras.
Eternia entre lo práctico y lo digital
Este mundo mezcla magia y tecnología, fuertemente dependiente del acabado digital. Donde la serie original confiaba en la imaginación y la película de 1987 en la limitación física de sus efectos, esta versión apuesta por un espectáculo visual masivo. Hay escenas donde esto funciona de manera notable, especialmente cuando la película abraza su lado más absurdo y fantástico. Ese mismo despliegue digital permite una inmersión en el universo mucho más ambiciosa que en versiones anteriores, acercándonos a una Eternia que hace décadas habría sido imposible de representar con este nivel de detalle. En ese sentido, la película parece avanzar en la dirección correcta al aprovechar estas tecnologías para expandir el imaginario del personaje y llevarlo a una escala visual más espectacular.
El detalle más pequeño
¿Lo peor de la película? He-Man no tiene flequillo.
Más allá del chiste, el detalle resume una tendencia clara: la necesidad de suavizar o “actualizar” los diseños originales para hacerlos más realistas. Pero en el caso de He-Man, esos rasgos exagerados —su cabello perfecto, su musculatura imposible, su estética de héroe-juguete y las continuas alusiones a los mismos— eran precisamente parte de su identidad. Al reducirlos, la película gana verosimilitud, pero pierde parte de su iconografía original.

Caricatura original. He-Man and the Masters of the Universe (1983)
Conclusión
Masters of the Universe funciona como un entretenimiento sólido: ágil, visualmente potente y plenamente consciente del público al que se dirige. Mattel continúa ampliando su universo cinematográfico tras Barbie, apostando aquí por un modelo clásico de aventura pura, humor accesible y nostalgia dosificada. Se percibe una modernización del personaje de He-Man con cierta ironía y autoconsciencia, lo que la hace accesible para nuevos espectadores sin perder del todo el guiño al material original, mientras los fans encuentran un espectáculo visual potente y batallas bien resueltas. En este contexto, el personaje de Skeletor se convierte en uno de los grandes aciertos de la película, con un carisma arrollador que encaja sorprendentemente bien con Jared Leto, que lo interpreta como un villano excesivo, teatral y muy disfrutable.
Sin embargo, la película se mantiene en un terreno seguro: entre la nostalgia, la fórmula contemporánea y la falta de riesgo creativo, el resultado es correcto y disfrutable, pero poco memorable. A esto se suma una duración algo excesiva en algunos tramos, que hace que el ritmo pierda fuerza antes de recuperarse, sin llegar a arruinar una experiencia que, en conjunto, cumple como gran producto de entretenimiento.
